Aprendiendo de la fotografía


Pedazo de Anthophora, ¿no? Pues aún me podréis llamar ciego, pero no creo recordar en vivo el pincel negro y el penacho de pelos tarsales que identifican a este bonito insecto como un macho de Anthophora plumipes, fotografiado en un parque urbano alemán.
Como segundo plato tenemos a no una, sino a un buen número de bellas durmientes. Andrena, Colletes,… o Melitta? Cuando hice la foto no me molesté en intentar reconocerlas, pero en pleno centro se ven los tarsos relativamente inflados de una de las dormilonas, y también se puede apreciar el final abrupto, como cortado, de varias de esas antenas en descanso. Se trata, en efecto, de un grupo de Melittas durmientes.
Y en último lugar os presento una foto de un espléndido abejorro:

Fijaos en la falta aparente de corbículas, o estructuras especializadas en la recolección de polen, lo cual identificaría obligadamente a este insecto como un macho o,… como un abejorro cuco, una de las especies de abejorros que parasitan a otros abejorros que realmente hacen el trabajo de acumular provisiones en el nido. En efecto, esta imagen parece representar a un abejorro cuco tal como Bombus campestris.
En suma, estas y otras imágenes reflejan, como dije más arriba, el potencial como herramienta de aprendizaje de la fotografía de insectos, así como su utilidad para documentar nuestros encuentros a modo de colección virtual. Aunque es un tema controvertido en algunos círculos, la fotografía no puede sustituir a la verdadera recolección física, adecuada preparación y mantenimiento de una colección entomológica seria, ya que muchas especies sólo se pueden reconocer atendiendo a detalles microscópicos o para los que resulta necesario reposicionar al insecto. Incluso hay casos en los que podría llegar a resultar útil la confirmación genética de esa identidad, propósito para el que una foto es claramente insuficiente.
Animo a todo lector interesado a que se decida a dedicarse a la fotografía de insectos como una herramienta más para intentar aproximarse y conocer mejor a nuestra biodiversidad que pulula entre las flores. No hace falta ser un gran fotógrafo ni disponer de un equipamiento especialmente caro para llegar a documentar nuestras observaciones de forma satisfactoria, así que ¡Adelante!

