Muchas especies de plantas, y particularmente las que producen flores, dependen o se benefician de animales para transportar el polen de las estructuras masculinas a las femeninas. Por ello, han evolucionado para ofrecer recompensas como el néctar y producir una variedad de señales que atraigan a sus visitantes. A continuación, describimos sus principales estrategias:
- Colores: son una de las señales más importantes en la atracción de los polinizadores. Además de las tonalidades que nosotros percibimos, los insectos también pueden percibir, por lo general, colores con una longitud de onda entre 300 y 400 nm. Por otro lado, se cree el contraste de colores en las flores, por ejemplo, entre los colores de los pétalos y los de las anteras, puede ser una señal tan importante como los colores de la flor en sí.

- Olores: los compuestos volátiles actúan como señales de atracción tanto a corta como a larga distancia, facilitando la localización de las flores en condiciones de baja luminosidad o cuando los polinizadores especializados buscan especies concretas. Muchas plantas emiten olores que engañan a los polinizadores para atraerlos sin ofrecerles una recompensa a cambio, como es el caso de las plantas que emiten aromas que simulan fuentes de alimento que no poseen. Otros casos más curiosos son los de las plantas que emiten aromas a heces o materia en descomposición para atraer moscas y escarabajos en busca de alimento o de un lugar donde poner sus huevos. Otras especies imitan las feromonas de las presas de los polinizadores o de las hembras de insectos para atraer a los machos que, al intentar copular con la flor, acaban polinizándola.
- Forma y tamaño: la forma de la flor influye en el manejo de los polinizadores y en la manera en que depositan el polen. Además, la forma afecta a las propiedades electrostáticas de las flores, que suelen tener una carga negativa que ayuda a la transferencia de polen hacia los insectos, con carga positiva. En cuanto al tamaño, las flores pequeñas son accesibles para los polinizadores de menor envergadura, mientras que las de mayor tamaño resultan más apropiadas para insectos de cuerpo grande y, en ciertos casos, proporcionan una mayor eficiencia en la búsqueda de alimento.
- Textura: los pétalos de las flores polinizadas por insectos presentan unas células cónicas que añaden textura a su superficie. Se cree que estas células facilitan el agarre de los insectos a la flor. Además, se ha observado que los abejorros pueden diferenciar, por el tacto, la textura asociada a estas células y asociarla con la presencia o ausencia de una recompensa.

- Temperatura: se cree que la calidez de las flores que retienen o generan calor puede ser un atractivo para algunos insectos. Además, se ha visto que los patrones de variación térmica en las flores pueden guiar a las abejas de manera más eficiente hacia el alimento.
- Humedad: la intensidad y el patrón de la humedad en torno a una flor también varía entre especies. Se ha observado que algunos polinizadores como polillas y abejorros prefieren las flores con alta humedad. Esta preferencia se debe seguramente a que la humedad suele generarse por la evaporación del néctar e indicaría su presencia.
- Señales acústicas: algunas plantas polinizadas por murciélagos, como Marcgravia evenia, presentan estructuras que reflejan las emisiones acústicas de estos animales y provocan su atracción hacia ellas.
Por si estas señales fueran pocas, algunas flores también cambian de color tras ser polinizadas, lo que dirige a los polinizadores hacia aquellas que aun no han sido visitadas y que, por tanto, ofrecen mayores recompensas alimenticias.
La complejidad de la comunicación entre las plantas y los polinizadores refleja la importancia de esta relación para la reproducción eficaz de un gran número de especies vegetales.
Referencias
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