De Nómadas y Andrenas

La primera imagen que viene a la mente al pensar en las abejas es la de un campo florido y primaveral. Y no andaríamos desencaminados con ese escenario. Pero, ¿dónde pasas tú más tiempo? ¿en tu casa o en el supermercado? Igual que nosotros, las abejas también necesitan un refugio en el que descansar y, sobre todo, en el que situar a sus crías y ofrecerles cuidado y protección. Y cada tipo de abeja plantea la ubicación, el diseño y la construcción de su nido de forma particular. Aquí podéis ver un terraplén arenoso en pleno bosque, un lugar al que un sinfín de abejas llamaría hogar.
Haciendo un poco de zoom, en este mismo lugar tenemos a una hembra de Andrena vaga aproximándose a su nido:


Las Andrena son conocidas como “abejas mineras” en inglés y como “abejas de la arena” en alemán, y no cuesta demasiado entender por qué. Nuestra amiga de la imagen no está ni mucho menos sola. Cada uno de esos agujeritos es la entrada de un nido particular, excavado por una hembra de Andrena. Aunque están tan juntas, siguen siendo abejas “solitarias”, ya que en realidad no colaboran de ninguna manera, y cada nido es completamente independiente de los demás. Sólo unas pocas abejas, como la abeja de la miel, los abejorros y algunas de las abejas “solitarias” de géneros como Colletes o Lasioglossum llegan a formar verdaderas sociedades, pero en realidad esta forma de vida es más la excepción que la norma.
Al igual que en las aglomeraciones humanas, las congregaciones multitudinarias no tardan en atraer a ladrones y maleantes. Al contrario que la peluda Andrena, las abejas del género Nomada, como esta Nomada goodeniana, no necesitan de escopa, corbículas, ni de pelo corporal alguno para transportar polen. Así, no es de extrañar que la Nomada más parezca una avispa que una abeja. Esta hembra de Nomada goodeniana, estaba sobrevolando una hoja en busca de nidos de Andrena que parasitar, entre ellos los de Andrena vaga. Cuando la abeja minera se aleja del nido en busca de polen y néctar, las parásitas, que a menudo aguardan al acecho, buscan introducirse en nido ajeno para poner sus huevos y hacerse así con los beneficios alimentarios del polen y el néctar sin tener que molestarse en ir a buscarlos.


También encontramos otra hembra de Nomada, en este caso, Nomada fucata, explorando en vuelo rasante los espacios y rincones entre la arena en busca de nidos que parasitar, en este caso los de la minera Andrena flavipes. Como podéis ver, cada especie parásita suele estar adaptada a huéspedes concretos, de manera que la presencia de un tipo u otro de abeja nos puede hacer sospechar de la presencia de otras especies con las que existen este tipo de interacciones.
Aquí tenéis a Andrena flavipes, vecina de Andrena vaga y víctima probable de las Nomada fucata que andaban pululando por la inmediaciones.

Ya veis que incluso unos pocos metros cuadrados de arena suelta dan para un montón de especies y de relaciones superpuestas. Hoy nos hemos centrado en las abejas de la arena y un par de abejas cuco, pero en otras ocasiones podremos hablar de abejas carpinteras, cortadoras de hojas, cardadoras de lana, habitantes de agallas y un larguísimo etcétera. La aventura no hace más que comenzar.

