Cuando pensamos en proporcionar hábitat para las abejas, solemos prestar mucha atención a plantar especies que les proporcionen alimento. Sin embargo, también es necesario ofrecerles las condiciones adecuadas para que encuentren lugares donde anidar.

En general, las abejas solitarias (aquellas que no forman colonias) pueden anidar tanto en cavidades aéreas como en el suelo. Para las que anidan en cavidades aéreas se han desarrollado los refugios de abejas o «hoteles de insectos», estructuras que consisten en cañas, tubos huecos o madera con cavidades cilíndricas. Como os contábamos en otro artículo, se han realizado varios estudios, y se siguen realizando, para saber cómo optimizar estos refugios. Sin embargo, existe mucha menos información sobre las condiciones que necesitan las abejas que anidan en el suelo, y que constituyen en torno al 70-80% de todas las especies de abejas.

En estas especies, las hembras suelen excavar un túnel principal cuya profundidad varía considerablemente entre especies, situándose en muchos casos entre 10 y 40 centímetros. De este túnel parten ramificaciones laterales que conducen a las celdas de cría. En cada celda, la hembra deposita una reserva de polen y néctar junto con un huevo, y la sella. Al eclosionar, las larvas se alimentan de estas reservas, pupan y finalmente emergen del nido como adultas.

Esquema de un nido de una abeja solitaria que anida en el suelo, con celdas de cría en diferentes fases de desarrollo.

Como en otros aspectos de la biología de las abejas, existe una gran variación entre especies. Algunas hembras construyen un nido independiente para cada celda. En otras, los túneles laterales conducen a agrupaciones de varias celdas. Hay especies en las que un mismo nido puede ser compartido por varias hembras, cada una construyendo sus propias celdas en el interior, y otras en las que las hembras no comparten nido pero anidan próximas entre sí, llegando en algunos casos a densidades de cientos de nidos por metro cuadrado.

Las condiciones de suelo que estas abejas necesitan o prefieren para anidar siguen siendo en gran parte desconocidas. La textura parece ser un factor clave. Se ha observado con frecuencia que los nidos se sitúan en suelos arenosos, lo que sugiere una posible preferencia por este tipo de sustrato en algunas especies. En cuanto a la humedad, se considera que los suelos bien drenados pero no excesivamente secos serían los más adecuados. En regiones templadas, las abejas tienden a elegir zonas con mayor exposición solar. Además, algunas especies muestran preferencias por características específicas del entorno, como la presencia de taludes, piedras o zonas con escasa cobertura vegetal. A todo esto hay que añadir que analizar la influencia de cada uno de estos factores por separado, únicamente mediante la observación de campo, resulta muy difícil. La presencia de patógenos, depredadores y recursos florales próximos también puede influir en las decisiones de anidación, lo que complica aún más el asunto.

En un nido de Eucera nigrilabris excavado, los túneles alcanzaron los 70-80 cm de profundidad.

Para conocer mejor las preferencias de anidación de estas especies, el proyecto ProPollSoil (Soil Pollinator Health), en el que participan investigadores de la Universidad de Murcia entre otros equipos europeos, ha lanzado una campaña de ciencia ciudadana que invita a compartir observaciones de nidos de abejas silvestres en el suelo. Para localizar un nido, los organizadores recomiendan seguir a las abejas que vuelen cerca del suelo o que se muestren volando repetidamente en torno a una zona concreta. Una vez localizada la entrada, basta con fotografiarla (mejor aún si la imagen incluye una abeja entrando o saliendo) y documentar el área y las características del suelo. Las observaciones se registran en la plataforma iNaturalist, dentro del proyecto EuroBeeSoil.

Si este verano pasas tiempo en espacios naturales, puedes contribuir a este proyecto con poco esfuerzo. Basta con prestar atención al suelo y fotografiar cualquier entrada de nido que encuentres. Cada observación ayuda a entender mejor qué condiciones necesitan estas abejas para criar.

Referencias

Antoine, C. M., & Forrest, J. R. (2021). Nesting habitat of ground‐nesting bees: a review. Ecological Entomology46(2), 143-159.

Genise, J. F. (2016). Basic architecture of soil nesting wasps and bees. In Ichnoentomology: Insect Traces in Soils and Paleosols (pp. 193-217). Cham: Springer International Publishing.

Harmon-Threatt, A. (2020). Influence of nesting characteristics on health of wild bee communities. Annual Review of Entomology65(1), 39-56.

Shebl, M. (2016). Nesting biology and seasonality of long-horned bee Eucera nigrilabris Lepeletier (hymenoptera, apidae). Sociobiology63(4), 1031-1037.

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