Los plaguicidas son sustancias de origen químico o biológico que se liberan al medio ambiente para prevenir, controlar y reducir las poblaciones de organismos que dañan los alimentos, la salud y el confort humanos, y generan impactos económicos negativos.

El uso de plaguicidas ha permitido un aumento en la productividad agrícola. Sin embargo, la aplicación intensiva de plaguicidas sintéticos, a los que nos referiremos a lo largo de este texto, ha generado graves problemas tanto para la salud humana como para el medio ambiente. En el caso de los insectos, el conocimiento creciente sobre sus efectos, su persistencia en el suelo y el agua, y su dispersión a espacios naturales, ha llevado a identificar estos productos como una de las principales causas del declive de sus poblaciones.

Los plaguicidas entran en contacto con insectos que no son plagas. Pueden encontrarse en todos los órganos de las plantas, ya sea por aplicación directa o porque la planta los ha absorbido y transportado a sus tejidos. Esto afecta a los polinizadores, que se alimentan de polen o néctar contaminado. Además, en el caso de especies sociales como la abeja melífera, las obreras llevan el alimento recolectado a la colmena, exponiendo a más individuos.

Los insectos depredadores y parasitoides de organismos plaga tampoco están exentos de exposición a plaguicidas al consumir presas contaminadas o al entrar en contacto con plantas tratadas. Los dípteros y escarabajos coprófagos se exponen a plaguicidas al alimentarse de los excrementos de animales de granja tratados con productos antiparasitarios. Incluso los insectos acuáticos y terrestres en reservas naturales pueden estar expuestos debido a la dispersión tanto de los plaguicidas como de los propios insectos.

Ejemplar adulto de Mariposa Tigre (Danaus chrysippus) en una flor de lavanda
Los polinizadores se exponen a los plaguicidas al consumir néctar y polen contaminado

En muchos casos, los insectos están expuestos no a uno, sino a una combinación de plaguicidas. Un análisis de insecticidas neonicotinoides en muestras de miel de todo el mundo encontró que el 45% de las muestras contenía dos o más insecticidas. En Misuri, se muestrearon abejas silvestres y lepidópteros en zonas protegidas cercanas a campos de cultivo, y se observó que un 16% de las abejas tenía dos o más plaguicidas, y un 4% de los lepidópteros, una combinación de cinco.

Además, otro estudio realizado con datos del norte de Europa y Estados Unidos indicó que comúnmente se detectaban entre 2 y 5 plaguicidas en los arroyos, con un predominio de los herbicidas. El efecto de estas mezclas sobre los insectos es impredecible, ya que a menudo los plaguicidas muestran sinergias. Por ejemplo, algunos fungicidas pueden ralentizar la detoxificación de los insecticidas por parte de los insectos, potenciando sus efectos.

De entre todos los tipos de plaguicidas, los herbicidas, los insecticidas y los fungicidas son los más utilizados. La mayoría de los insecticidas son neurotóxicos y matan rápidamente al insecto objetivo, aunque también afectan a otros sistemas de los insectos de manera colateral. Los fungicidas y los herbicidas están diseñados para atacar a los hongos y las plantas, respectivamente. Sin embargo, ambos provocan efectos subletales en los insectos, incluyendo alteraciones en su comportamiento, desarrollo, microbiota y reproducción.

Abeja melífera (Apis mellifera) en una planta de romero
La abeja melífera europea se ha convertido en un modelo para estudiar cómo afectan los plaguicidas a los insectos beneficiosos

Además, los plaguicidas afectan indirectamente a insectos que no entran en contacto directo con ellos. Los insecticidas pueden reducir la disponibilidad de alimento para los enemigos naturales de los insectos plaga, y los herbicidas, al reducir las «malas hierbas», provocan la pérdida de plantas hospedadoras, polen, néctar, zonas de refugio, anidación e hibernación para insectos polinizadores y depredadores.

Anualmente, se aplican más de dos millones de toneladas de plaguicidas a nivel mundial. Estos pueden migrar largas distancias volatilizados en el aire o filtrados desde el suelo hacia los cuerpos de agua, y permanecer en la naturaleza durante días o incluso años, dependiendo tanto del compuesto activo (el principal responsable de la acción del plaguicida) como de los demás ingredientes añadidos en la formulación.

Muchos de los plaguicidas comúnmente utilizados en los años cincuenta ya fueron prohibidos en la mayoría de los países debido a su acumulación en el medio ambiente y su peligro tanto para los seres humanos como para los ecosistemas. Aunque los nuevos plaguicidas sintéticos intentan ser más seguros, cuando se estudia su toxicidad en profundidad, a menudo muestran una alta persistencia en el medio ambiente y efectos negativos para organismos que no son su objetivo. Por ello, es fundamental reducir al máximo el uso de plaguicidas, no solo para proteger la salud de los insectos y los ecosistemas, sino también la nuestra.

Referencias

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